El Contexto (el marco del Texto)

 

Autor: Paula Olmos

Resumen del Compendio de Lógica, Argumentación y Retórica

Editorial: Trotta

La especialización de su parónimo «texto» en las lenguas modernas ha hecho que finalmente y según nuestro DRAE (2001) su primera acepción en español sea la de «entorno lingüístico del cual depende el sentido y el valor de una palabra, frase o fragmento considerados. Solo en segundo lugar como: «entorno físico o de situación, ya sea político, histórico, cultural o de cualquier otra índole, en el cual se considera un hecho».

La valoración del contexto como pieza clave para la interpretación, explicación y análisis de distintos fenómenos por los que se interesan la lingüística, la filosofía del lenguaje, el análisis del discurso y, más recientemente, la epistemología y la filosofía de la ciencia.

Por su parte, la rama lingüística de la pragmática, como pionera del estudio del lenguaje «en uso», se ocupa de distintos aspectos que le permiten tener en cuenta el contexto lingüístico en que se producen los enunciados o proferencias. De hecho, la propia definición de cualquier acto de habla incluye necesariamente la referencia al «contexto comunicativo» de su emisión, en el que adquirirá su valor y significado propios y que determinará las condiciones para su éxito ilocutivo.

La pragmática lingüística se habría ido comprometiendo, de manera cada vez más estrecha, con la idea de que la fuerza ilocutiva de los actos de habla no puede reducirse sólo a criterios sintáctico-semánticos, sino que precisa de la valoración del «contexto de  proferencia» de las oraciones.

Pero si profundizamos más, tenemos dos áreas en las que el grado de detalle puede ser incluso más esclarecedor: por un lado, la semántica inferencialista«, y por otro, el análisis del discurso.

  • La semántica inferencialista se centraría en la consideración del «contexto inferencial» de los enunciados, en piezas de carácter lingüístico que presentarían vínculos inferenciales con el enunciado en cuestión, determinando sus posibles habilitaciones y compromisos inferenciales (Brandon, 1994).
  • El análisis del discurso, por su parte, presentaría una metodología, de carácter netamente empírico que incluye la descripción y valoración, en sentido suficientemente amplio, de los contextos sociales, políticos, históricos y culturales (Gee, 2002) en que se dan del lenguaje y la producción de discursos.

Desde la perspectiva de la teoría de la argumentación, también podemos hablar de aproximaciones más o menos «contextualistas» al análisis de los argumentos y de las prácticas discursivas de argumentar, siendo este uno de los parámetros que distinguiría los tres enfoques lógico, dialéctico y retórico de tales temas.

No hay duda de que de la consideración del argumento como «producto» (perspectiva lógica),  a la valoración de los «procedimientos» reglados para su uso (perspectiva dialéctica), hasta el estudio de todo el «proceso» que suponen prácticas argumentativas (perspectiva retórica), se está invocando una progresiva incorporación de elementos contextuales al análisis, ya sea con intención descriptiva o normativa, de los fenómenos argumentativos.

En sus estudios sobre la argumentación, Amossy (2006) se impone como tareas propias tres consideraciones, todas ellas de marcado carácter contextualista.

a. Referir el discurso a su lugar social y sus marcos institucionales;

b. superar la oposición entre texto y contexto teniendo en cuenta los factores sociales que «forman parte del texto» y

c. superar el individualismo que considera al autor soberano de su discurso, teniendo en cuenta la participación del auditorio.

Dentro del punto b. Amossy enumera a su vez, el estatuto del orador, las circunstancias socio-históricas de su discurso, el auditorio al que se dirige, la distribución de roles en la práctica discursiva concreta, las opiniones y creencias de la época, etc…

Otra aportación, la de Tindale, en su obra Acts or Arguing (199; 6-7), defiende el modelo retórico como superador de las carencias de los enfoques lógico y dialéctico, precisamente por su «concentración en los contextos».

Tindale llega a hacer un esfuerzo considerable en la concreción de los elementos que conformarían el contexto significativo de los actos de argumentar y que incluiría, según este autor, las siguientes componentes:

  1. los elementos que conforman la «localidad» del acto (locality);
  2. el trasfondo (background) de la discusión, debate u ocasión argumentativa;
  3. el agente argumentador (arguer);
  4. el auditorio (audience) a que aquel va dirigido (1999: 75-85).

En esta distribución bastante simétrica de los componentes del entorno/ contexto; dos elementos agentes (3,4) y dos situacionales (1,2), de los cuales, uno fundamentalmente físico-social (1) y otro fundamentalmente intelectual-lingüístico (2). Eso si, no encuentra un lugar específico para los marcos más institucionales.

Por lo demás, siguiendo la estela del Tratado de la argumentación de Perelman y Olbrechts-Tyteca (1958), Tindale se habría concentrado, fundamentalmente, en precisar la importancia contextual de los auditorios, y ello tanto en su vertiente de necesario referente constructivo del propio argumentador, como en lo relativo a su efectiva participación en el éxito argumentativo del discurso.

 

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