La fuerza retórica de la Ironía

Autor: Jesús Alcolea y Adelino Cattani

Resumen del Compendio de Lógica, Argumentación y Retórica

Editorial Trotta

Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.

Oscar Wilde (1854-1900) (Dramaturgo y novelista irlandés)

Es una de las grandes formas retóricas que ha conservado su fuerza en todos los campos, pues al extenderse a todos los detalles de la vida cotidiana, ningún humano está a salvo de suscitarla.

La ironía es el uso de una palabra de manera que transmita el significado opuesto a su significado literal. Usada para enfatizar un error o una mala acción.

Como tropo que transfiere un significado, se relaciona con el tópico de la los contrarios o el tópico de la contradicción. Así, la ironía es una «contradicción consentida». Es en rigor, la trasgresión patente de una regla tácita según la cuál quien habla tiene que decir cosas sensatas y verdaderas. Esto entraría en colisión con el llamado principio de cooperación (Grice, 1991) de las conversaciones.

La ironía deber ser tomada como un medio y no como un fin. Se nota en el modo en que la persona habla, en su tono y sus ademanes. Se trata de un recurso muy sofisticado, que debe usarse con mucho cuidado, pues si se calcula mal la inteligencia del auditorio, este puede tomar las palabras con un sentido manifiesto y no con el sentido opuesto con el que se pretendieron decir.

Quintiliano hablaba de la ironía como «el fingimiento de toda intención, que se trasluce más que se manifiesta«.

Cicerón ya había subrayado la relación de la ironía con la elegancia y el buen gusto en la conversación: «es un procedimiento especialmente elegante, no solo gracioso dentro dentro de la seriedad y de las  fintas oratorias, sino apropiado a una conversación refinada«.

Si nos paramos a observarla, la ironía de Sócrates, tiene el alcance de una lógica que trata de liberarnos del error, de purificar nuestro espíritu y ponernos en camino de descubrir la verdad. Se nos presenta también como una actitud mental, en la que desempeñan un papel muy importante la comicidad, el escepticismo y la crítica.

Sócrates interroga fingiendo ignorar lo que sabe, para conseguir descubrir lo que ignora o no puede saber, él o su interlocutor.

Kierkegaard (uno de los grandes estudiosos de la ironía de Sócrates y del entorno conceptual romántico) reconoce una serie de aspectos teóricos y el hecho de que es esencialmente crítica, aunque la forma más común de ironía consista en decir seriamente algo que, sin embargo, no es pensado como algo serio» y tengo bastante que ver con el modo en el que una persona se conduce con otra.

La ironía es un magnífico bisturí que, cuando se sabe aplicar, dota a toda nuestra vida de salud y verdad.

F. Schlegel (1994) Fragmentos del Liceo: «Pero además, la ironía contiene y provoca un sentimiento de irresoluble conflicto entre lo incondicionado y lo condicionado, de la imposibilidad y necesidad de una plena comunicación. Es la más libre de todas las licencias,  pues a través de ella se sitúa una más allá de sí mismo; pero es también la más reglada, pues es incondicionalmente necesaria».

Cuando tomo un tono duro se torna en sarcasmo, que puede desembocar en una demostración de odio o enemistad. Se puede usar en la alabanza y en la censura, pero entendidas entonces en sentido contrario.

El doble sentido, tiene un valor argumentativo y explica su impacto. Con frecuencia, su victima toma el mensaje al pie de la letra, lo que la torna ridícula de cara al auditorio, sobre todo si aquella tarda en captar la ironía, y es lo que le confiere cierta finura e incluso crueldad. Desde un punto de vista retórico, refuerza la conexión entre el hablante y el público. En caso de que perciba la ironía, el auditorio puede agradecer su poder y mostrarse más dispuesto a aceptar las tesis del argumentador.

Perelman sostenía que se puede utilizar en todos los contextos argumentativos, pero presuponiendo siempre que una información complementaria sobre los hechos, las normas e incluso sobre los hechos, las normas e incluso la posición de hablante.

Es por ello, que a veces se constituya como una actitud defensiva, cuya eficacia se incrementa a medida que el grupo al que se dirige disminuye. Aunque también se la puede considerar como una arma ofensiva.

La ironía es un arma ofensiva , el humor sirve de escudo protector.

G. Elgozy (1979)

Linda Hutcheon (1994) establece una clasificación escalonada de las diversas funciones que puede tener, desde la que posee una carga afectiva o crítica mínima a una carga afectiva o crítica máxima:

  1. Reforzamiento de un punto o aspecto en la conversación cotidiana (para dar énfasis o precisión).
  2. Complicación verbal y estructural, introduciendo ambigüedad o imprecisión lúdica, asociada a la burla o al humor.
  3. Distanciadora para marcar la indiferencia o la falta de compromiso, o para adoptar una nueva perspectiva.
  4. Auto-protectora en plan defensivo
  5. Provisional, que huye de lo definitivo, fijando condiciones, salvedades o desmitificaciones.
  6. Oposicional al poseer unos efectos pragmáticos opuestos: lo que puede parecer subversivo a unos puede parecer ofensivo a otros.
  7. Agresora cuando el fin sentido o inferido de la ironía es el ataque destructivo o la invectiva; y
  8. Sumadora en el sentido de poder crear una comunidad como una élite excluyente.

Síguenos y comparte:
error