Topoi y Campos Tópicos. Para que tu texto encaje siempre en el contexto

Autor: Pierre-Yves Raccach y Marta Tordesillas

Resumen del Compendio de Lógica, Argumentación y Retórica

Editoral: Trotta

 

Preliminares

La búsqueda o la identificación de lugares comunes y su asociación a comportamientos humanos es uno de los objetivos e, incluso, desafíos en la historia del pensamiento, y en particular, del conocimiento y de la interacción discursiva.

Dicha búsqueda se puede emprender desde un punto de vista relacionado con el interés por el pensamiento/comportamiento humano o bien relacionado con el interés por la expresión (lógica o lingüística) del pensamiento. Ambas posiciones las podemos ver ya en Aristóteles.

Si vinculamos el topos al lugar común y lo contextualizamos en el marco de la argumentación, diremos que, según la primera posición aristotélica relativa a una concepción más retórica, el argumento se manifiesta siempre como la unidad del logos, el ethos y el pathoses decir que en él se aúnan razón, hábito y emoción, mientras que en la propuesta aristotélica más tardía y que está vinculada a la formulación más analítica, el argumento retórico se describe como una forma de demostración logicolingüística, que deja a un lado el ethos y el pathos, privilegiando el logos.

Los conceptos de argumentación y topos van tomando más importancia a lo largo del tiempo, sobre todo en el desarrollo como base científica para la teorización lingüística. Es lo referente a la llamada teoría de la argumentación en la lengua, que se concibe a partir de un tipo específico de fundamentación semántica, de base inicialmente argumentativa y, más adelante, tópica.

El concepto de topos (Ducrot, 1987) ha constituido uno de los desarrollos más significativos para el estudio de los aspectos semánticos de las lenguas.

Es esencial para la fundación de la semántica tomar en consideración el hecho de que, a pesar de que los sentidos sean entidades privadas, la manera en que las unidades de lengua constriñen la construcción de sentidos no ha de ser privada.

Las constricciones que las unidades lingüísticas imponen a la construcción de sentido son continuamente adquiridas por los niños de forma natural. Por tanto, podemos caracterizar a la semántica no como la «ciencia del sentido», sino como la ciencia de las constricciones que las unidades de las lenguas imponen a la construcción de sentido de los enunciados que utilizan dichas unidades.

Además, ya no será necesario eliminar, de dicha noción de sentido, los rasgos subjetivos: las relaciones entre entidades subjetivas no han de ser todas subjetivas.

Por tanto:

a.  la lengua, y en particular, las palabras dan instrucciones para la comprensión o la interpretación de los enunciados: aunque las interpretaciones sean privadas, las instrucciones dependen sólo de la lengua y no de las intenciones ode las creencias de los hablantes, por lo que todo enunciado es susceptible de ofrecer las claves para determinar un sentido.

b. Una parte de estas instrucciones consiste en constricciones.

  1. sobre los puntos de vista u orientaciones argumentativas que resultan de la comprensión de los enunciados y también.

  2. sobre aquellos necesarios para poder interpretar los enunciados

c. la descripción semántica de las lenguas ha de poner de manifiesto estas constricciones, específicas a cada lengua y que, por lo tanto, han de estudiarse de manera comparativa.

 

Topoi, argumentación y puntos de vista

Se trata de las constricciones sobre los puntos de vista relacionadas con los enunciados y, de manera particular, sobre las orientaciones argumentativas de dichos enunciados. La semántica describe la contribución de las frases a la construcción del sentido y, claro está, las orientaciones argumentativas son propiedades de los enunciados y dependen de las situaciones, de las creencias y de las intenciones.

Lo que se pretende describir en la semántica no son las orientaciones mismas, sino algunas constricciones sobre las orientaciones.

Si bien es cierto que no todos los enunciados constituyen argumentaciones; todas las frases, sin ninguna excepción, pueden utilizarse para formular un enunciado argumentativo. Esta propiedad es empírica en todas las lenguas. La descripción semántica de las frases da cuenta de las constricciones sobre los puntos de vista implicados en sus enunciados.

Los puntos de vista por definición son subjetivos y no se entiende por qué ni cómo podrían caber en una descripción científica, Lo mismo podría decirse del sentido, entendido como resultado de la interpretación de de un enunciado.

Ahora bien, el hecho de que algunas entidades sean subjetivas no implica que las relaciones entre dichas entidades tengan que serlo: las relaciones entre los puntos de y entre los sentidos podrían ser objetivadas a pesar de que lo que relacionan dichas relaciones no pueda serlo.

 

Los topoi como abstracciones sobre garantes argumentativos           

Cuando un enunciado E se presenta como destinado a sugerir la conclusión C, lo hace en virtud de un garante, presentado como general y compartido por la totalidad de los interlocutores.

Los garantes argumentativos, en principio, no deberían interesar al lingüista: son creencias características de una sociedad, o, más específicamente, de un grupo social, y, como tales, su estudio no pertenece a la lingüística. Sin embargo, la organización de estos garantes y, de modo particular, la manera de categorizarlos para que los segmentos lingüísticos puedan constreñir su uso, sí pertenece al dominio de estudio de la semántica.

La categoría de todos los garantes que relacionan los mismos campos en la misma dirección se llama topos; los campos relacionados por un topos se llaman campos tópicos. Dadas las propiedades de los garantes, los topoi, que son categorías de formas de garantes, son reglas de inferencia graduales, presentadas por los enunciados como generales y compartidas. Los topoi, por ser relaciones entre campos graduales, poseen diversas características interesantes.

Aquí, distinguiremos dos aspectos del modo en que los topoi constriñen las orientaciones argumentativas de sus enunciados: los aspectos relativos a descripción de los conectores y operadores y los aspectos relativos a la descripción del resto del léxico.

Cuando un enunciado E se presenta como destinado a sugerir la conclusión C, lo hace en virtud de un topos, cuya formal general es:

     // cuanto más (o menos) P, más (o menos) Q//

El campo tópico de la izquierda (P) se llama antecedente del topos, y el de la derecha (Q), el consecuente. Cabe insistir en el hecho de que los topoi no son enunciados de una lengua, sino herramientas descriptivas para dichos enunciados.

Una vez descrito el sentido de los enunciados a través de tales topoi es posible formular una descripción semántica de los conectores y operadores con efectos sobre la orientación argumentativa: dicha descripción se formula en términos de constricciones sobre los topoi utilizables.

El estudio semántico de la argumentación

Hasta los años 80, la mayor parte de la investigación sobre la argumentación lingüística se refería a las articulaciones, marcas de encadenamientos, huellas de los razonamientos implícitos de los sujetos hablantes. Incluso los trabajos de Ducrot (1980) y sus seguidores se centraban fundamentalmente en las articulaciones, por lo que la semántica de la argumentación era una «macro-semántica», y dado el interés existente sobre todo en estas marcas de la actividad de inferencia, la proximidad de esta concepción de la semántica con la pragmática bastaba para que la amalgama entre ambas fuera inevitable. Pero otros trabajos posteriores (Raccah, 1987; Tordesillas, 1995), centrados en la descripción del léxico revelan el papel esencial que las relaciones argumentativas desempeñan en la construcción de sentido.

Las hipótesis de los marcos teóricos inspirados en la Argumentación en la lengua no imponen un enfoque exclusivamente pragmático. Permiten un tratamiento semántico profundo de la argumentación, a condición de prestar cierta atención a los fenómenos léxicos. La argumentatividad de un enunciado, simple, complejo o compuesto, no puede determinarse solo a través de la semántica, ya que la orientación argumentativa depende de los topoi efectivamente utilizados en la enunciación.

Dichos topoi reflejan al mismo tiempo las creencias y las intenciones de los locutores, y por ende, no pueden determinarse solo por medio del análisis de la frase. Las palabras elegidas limitan los topoi posibles, o dicho de otro modo, los topoi que se quieren utilizar limitan la elección de las palabras. No cualquier topos puede asociarse a cualquier frase.

El estudio lingüístico de la argumentación no puede limitarse al análisis de los morfemas utilizados para articular los argumentos y las conclusiones. No debe ocultar un segundo aspecto: la (sub)determinación de los topoi, asociada al léxico, durante la construcción de las frases.

Por otro lado, la descripción del léxico requiere necesita una conceptualización de la noción de punto de vista en la que nos pueden ayudar los campos tópicos.

 

Definición del concepto de Campo Tópico                                                                

Un campo tópico es, en líneas generales, una «forma de ver» una entidad, una : esto es, por otro campo tópico. Por tanto, podemos representar un campo tópico como una cadena de campos tópicos colocados unos dentro de otros, de modo que cada campo tópico se caracteriza, por una parte, por un campo conceptual (la entidad, la propiedad o la relación), y por otra, por el campo tópico que contiene, el cual a su vez se caracteriza por un campo conceptual y por el campo tópico que contiene, y así sucesivamente hasta un campo tópico elemental. Este ultimo, al ser un principio de valoración básico (en positivo o negativo), introduce una graduación en el campo tópico que lo contiene.

De este modo, llegamos a la siguiente definición recursiva:

La pareja (X,Y) es un campo tópico únicamente si se respeta una de las dos condiciones siguientes:

i. X es un campo conceptual e Y es un valor (bien o mal) o

ii. X es un campo conceptual e Y es un campo tópico.

Esta definición permite construir cadenas crecientes de campos tópicos elementales, que contengan una valoración: el principio de graduación introducido por la valoración contenida en el campo tópico elemental repercute sobre la totalidad del campo tópico que lo contiene.  Esto es lo que permite considerar un campo tópico, no solo como una forma de ver un campo conceptual, sino también como un principio de graduación para otros campos tópicos.

 

Campos lógicos léxicos

T // cuanto más rico es uno, más feliz es //

 

Al oponerse T (topos), el proverbio no informa de que la propiedad de ser rico no implica la de ser feliz: se opone a argumentaciones que usarían la riqueza de uno como argumento a favor de la idea de ser feliz.

 

Opone dos puntos de vista sobre el ser humano: uno que se deprende del juicio de riqueza y el otro, que se desprende del juicio de felicidad, puntos de vista que el topos T, en cambio, relaciona de forma positiva. El proverbio nos dice que lo que se quería llamar «felicidad», si es derivado de la riqueza, no se debería llamar «felicidad»; o dicho de otro modo, lo que se quería llamar «riqueza», si conduce a la felicidad, no se debería llamar «riqueza».

Así, el antecedente del topos T, el campo tópico de la riqueza, es una manera de ver la posesión: como fuente de poder.

CT_riqueza = <POSESIÓN, CT_poder>

donde POSESIÓN es el campo conceptual de la posesión y CT_poder es el campo tópico del poder.

A su vez:

CT_poder = <CAPACIDAD DE ACCIÓN, valor>

Si el último punto de vista es positivo, el juicio sobre el poder será positivo (rasgo ideológico característico de un ejecutivo) y será negativo en caso contrario (rasgo ideológico característico de un anarquista) y su reparticion ideológica coincidirà en ambos casos, con la repaertición ideológica del campo poder.

CT_riqueza = <POSESIÓN, <CAPACIDAD DE ACCIÓN, valor>>

Estas dos propiedades son:

a) A cualquier campo tópico se le puede asociar, de manera única, un topos que lo caracteriza completamente.

b) Un campo tópico puede constreñir otro campo tópico: entrando en su cadena definitoria (como en el caso de CT_poder, respecto a CT_riqueza).

Gracias a la propiedad a, sabemos que, para describir las palabras en términos de constricciones sobre los topoi que sus enunciados pueden inducir, basta con poder describirlas en términos de constricciones sobre campos tópicos. Y, gracias a la propiedad b, sabemos que para describir las palabras en términos de constricciones sobre campos tópicos, basta incluir campos tópicos en su descripción.

  • A cada campo tópico CT (=<CC,CT’>) le corresponde un topos, asociado a el canónicamente: se trata de la pareja //CT,CT’//.
  • A cada palabra se asocia uno o varios campos tópicos. Existen dos maneras (combinables) de asociar varios campos tópicos a una sola palabra.
    1. Los diferentes campos se asocian conjuntamente a una palabra: el significado de la palabra integra estos diferentes campos tópicos; los encadenamientos pueden concernir uno solo de estos campos, pero también pueden integrar varios campos.
    2. Los campos se excluyen unos a otros: la palabra es argumentativamente ambigua, fenómeno que se produce con bastante frecuencia, incluso en el caso de palabras informativamente no-ambiguas. Es el caso de palabras como tibio que se pueden asociar tanto al campo del calor («Esta cerveza está tibia») como al del frío («Este café está tibio»).

Un campo tópico asociado a una palabra se denomina léxico. Un topos léxico asociado a una palabra es el topos canónicamente asociado a un campo tópico intrínseco a dicha palabra.

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¿Qué es una proposición?

Autor: Xavier de Donato
Resumen de la entrada en el Compendio de Lógica, Argumentación y Retórica.
Editorial Trotta

Según la concepción más extendida una proposición es una entidad abstracta, extralinguística, independiente de la mente, portadora primaria de verdad o falsedad,y que proporciona el significado de las oraciones declarativas del lenguaje.

En la Edad Media, propositio, denotaba una oración susceptible de ser verdadera o falsa, y traducía la palabra griega «protasis», usada por Aristóteles en el sentido de «logos afirmativo o negativo de algo acerca de algo».

Después de la Edad Media, se continúo usando para referirse a la entidad lingüística consistente en la expresión hablada o escrita en un juicio. Al igual que Frege posteriormente, Bolzano concibió las proposiciones como complejos constituidos por entidades abstractas, independientes de la mente. El significado del término proposición como entidad abstracta independiente del lenguaje que es expresado por un enunciado aparece en textos de Frege. Husserl, Russell y Moore, si bien es verdad que coexistió con el significado de proposición como «secuencia de palabras».

Frege y Russell abordaron el problema de la estructura y unidad de la proposición, con soluciones que, de un modo u otro, están presupuestas en los actuales tratamientos. Un pensamiento fregeano (una proposición, en nuestros términos) es el sentido expresable por una oración: un objeto estructurado, funcionalmente compuesto por los sentidos correspondientes a las partes sub-oracionales, y que determina la referencia de la oración, es decir, su valor de verdad.

En Russell (1903), una proposición es también una entidad estructurada, pero no consta de recursos fregeanos. Un proposición consta de dos tipos de constituyentes (o «términos»).

i)  objetos o cosas físicas, designados por los nombres propios.

ii) conceptos (propiedades o relaciones) designados por todas las otras palabras.

Dos proposiciones distintas pueden tener los mismos constituyentes. Si una proposición consta de tres términos, dos objetos y una cierta relación, como Russell distingue entre una relación «en sí misma» y una «relación que relaciona», la identidad de la proposición no depende de la presencia independiente de esos tres términos, sino del modo en que la relación conecta ambos objetos, de su efectivo papel relacional -como «relación que relaciona»- dentro de la proposición.

Russell (1919) parece definir «proposición» como lo creído cuando se cree algo verdadero o falso, y asume que la referencia de nuestras creencias consiste en hechos.

La concepción russeliana de la proposición ha sido recientemente recuperada por S. Soames y N. Salmon, quienes proponen tratar las proposiciones como n-tuplas ordenadas.

Así, la proposición correspondiente a la oración «Juan ama a María» se representa como la tupla <<j,m>,A>, donde «j» está por «Juan», «m» por «María» y «A» por «amar a». Soames y Salmon elaboran una semántica formal para las proposiciones, asignando tuplas ordenadas (o proposiciones estructuradas) a oraciones del lenguaje natural, y definiendo, para proposiciones estructuradas, el predicado de «ser verdadero en una circunstancia dada«.

Según otra concepción muy distinta, las proposiciones son, algo no estructurado. Una forma clásica de entenderlas fue como funciones de mundos posibles a valores de verdad o incluso como clases de mundos posibles.

G. Bealer (1998) ha desarrollado un enfoque algebraico según el cuál:

i) Las proposiciones son entidades simples no estructuradas.

ii) a cada proposición se le puede asociar un árbol que muestra cómo aquella es el resultado de aplicar operaciones lógicas a individuos, propiedades, relaciones e incluso otras proposiciones.

iii) los valores semánticos de los componentes de la oración expresiva de una determinada proposición no constituyen parte de la proposición misma.

Según un enfoque tradicional, las proposiciones son los objetos abstractos con los cuales un sujeto entraría en relación con el encontrarse en algunos de los estados mentales llamados actitud proposicional, expresados a través de verbos como «creer», «desear», «saber», etc..

De ahí que las proposiciones también se puedan considerar como los referentes de las clausulas completivas «que…», de un verbo de actitud proposicional. Ahora bien, cuando dicha idea se combina con otra idea tradicional, según la cual las proposiciones son l0 significado por las oraciones y se individúan por sus valores de verdad, surgen algunos problemas.

Horwich (1990) arguye que suponer que la existencia de proposiciones es necesario para explicar ciertas propiedades lógicas de las atribuciones de creencia y para dar cuenta de nuestra práctica en hacer tales atribuciones, sin por ello tener que responder a la cuestión del estatuto del estatuto ontológico de las proposiciones. Más recientemente, Bealer (1993) ha propuesto un argumento modal en favor de la existencia de proposiciones, uniendo a la teoría algebraica antes citada una teoría de los modos de presentación «no platónicos».

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